miércoles, 12 de agosto de 2015

Relato de un capítulo de mi novela de amor gótico EL ÁNGEL NEGRO

Muy buenos días, mis queridos y fieles lectores.
Hoy os traigo un relato de un capítulo de mi novela gótica, "El ángel negro". Este relato me mandaron hacerlo en el curso de Taller de Escritura Creativa de www.yoquieroescribir.comen donde me matriculé en 2010. Aparece en el libro junto con los relatos de mis compañeros. Si alguno de vosotros lo quiere tener, aquí os dejo el enlace de compra: 
 Como podeis comprobar he cambiado el título de "Luciferka Demon In Love" por "El ángel negro". La verdad es que me gusta más el nuevo título de la novela. Bueno, que me voy por las ramas y no avanzamos xD. Os dejo aquí el relato. Espero que os guste ¡y no os olvidéis de comentarme qué os ha parecido! Adiós, amigos. 

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Jane y sus dos hermanos ayudaron a su madre a poner la mesa mientras ésta encendía la chimenea. El padre de Jane entró por la puerta delantera de la casa con su hacha bajo el brazo. Tenía una cara de cansancio, probablemente de la jornada del duro trabajo de leñador en el bosque. Dió dos besos a su mujer y a continuación se sentó a la mesa. Su mujer y sus hijos hicieron lo mismo.
_Wendy, querida, ¿qué hay para cenar?-preguntó a su mujer.
_Ciruelas con miel, sopa dorada y perdices asadas con canela.-respondió ésta. 
El padre de Jane se relamió abriendo por la mitad una hogaza de pan para usarla como plato y a continuación cogió una ciruela con miel del frutero y empezó a mordisquearla.
_¿Cómo ha ido el día hoy en el bosque, George?-preguntó Wendy.
George carraspeó con cara de mal humor y respondió:
_Pues todo iba muy bien hasta que esta tarde el padre Charles me ha dicho que cierta persona no ha vuelto a la parroquia para confesar sus pecados ni asistir a las enseñanzas de nuestro Señor.
Echó una furiosa mirada a Jane y su madre y sus hermanos hicieron lo mismo. Jane bajó la cabeza avergonzada masticando un trozo de ciruela.
_¿A qué se debe tu comportamiento últimamente, Jane?-exclamó George.-En la escuela ya no prestas atención a las enseñanzas del maestro, que por cierto me ha dicho que te pasas el tiempo embobada pensando en tonterías, no juegas ya con tus amigas y te vas tu sola a quién sabe qué sitio, ¡y ahora el padre me dice que no asistes a sus clases ni confiesas tus pecados! ¿Puedo saber por qué?
Jane miró temerosa a su padre y contestó:
_Padre, me he portado bien. No he quebrantado ningún mandamiento de Dios. No te preocupes, que si hago algo malo me confesaré.
_¡Eso no me vale! ¡Tienes que ir a confesarte todos los días!-exclamó George.
 _¿No comprendes que si no cumples los designios de nuestro Señor, te castigará?-añadió su madre.
Jane bajó la cabeza. Sin querer, el colgante que le regaló hacía dos noches su mejor amigo con un pentagrama invertido de plata asomó por encima de su delantal. Su hermano mayor, Richard, se lo arrebató de un tirón provocándole a Jane una herida en el cuello y se lo entregó a su padre.
_¡Esta es la respuesta padre!-exclamó.
_¡Devuélvemelo, es mío!-gritó Jane levantándose de la mesa.
Su padre miró detenidamente el colgante abriendo los ojos como platos. Después se levantó alargando el brazo mostrando el colgante a Jane.
_¿¡Qué significa esto, Jane!?-gritó.-¿Estás con los templarios?
_No, padre. Es un regalo de un amigo.-respondió Jane.
_¿Entonces pactaste con el diablo? ¿¡Eres una bruja!?-gritó aun más Georges sin hacer caso a las palabras de su hija.
_No, yo… Puedo explicarlo…-balbuceó Jane.
Su padre se acercó a ella enfurecido propinándola una fuerte y sonora bofetada que hizo estremecer y llorar a Jane. Se hizo un silencio rotundo en la salita.
_¡Maldita seas, bruja! ¡Haré que te lleven a la hoguera por esto! ¡Tú ya no eres mi hija!-dijo George rompiendo el silencio.
Jane echó una mirada de advertencia a su padre y salió de la casa adentrándose en el bosque corriendo y sin volver la vista atrás. Fuera llovía fuertemente.
_¡JANE, VUELVE AQUÍ! ¡AÚN NO HEMOS TERMINADO! ¡¡¡JANE!!!-gritó su padre saliendo tras ella. No se atrevía a adentrarse en el bosque en plena noche lluviosa. El muy cobarde se volvió hacia Richard y le ordenó que trajera a Jane de vuelta. Pero Richard se negó.
_¿Está de broma, padre? ¡No voy a entrar ahí! ¡Está oscuro!-exclamó.
George rechinó los dientes enfadado y miró hacia el bosque. Ya no se veía a Jane por ninguna parte.
_Es inútil que huyas, maldita. Te encontraremos. No escaparás a la ira del Señor.-susurró y acto seguido entró en la casa a seguir disfrutando de su cena.
Jane estuvo corriendo durante una hora, temerosa de que su padre la estuviera siguiendo. Miró tras su espalda y no vio a nadie. Se detuvo a tomar aliento. De pronto escuchó unas pisadas a su espalda.
_¿Jane? ¿Qué haces aquí?-preguntó una voz.
Jane se dio la vuelta y vio ante ella a su mejor amigo, un bellísimo ángel negro de piel blanca como la nieve y alas de ángel negras como la noche. Su nombre era Luciferka. Fue él quien le regaló el colgante a Jane.
Ésta sollozó y corrió hacia él. Le miró con amor y se abrazó a él con fuerza.
_Luciferka.-dijo sonriendo entre lágrimas.
Luciferka le alzó la cara y gruñó cuando vió la mejilla enrojecida de la bofetada que el padre de Jane le propinó.
_¿Quién te hizo esto?-preguntó pasando suavemente sus dedos pálidos sobre la ardiente mejilla de Jane.
_Mi padre.-contestó Jane cabizbaja.-Descubrió el colgante que me regalaste y ahora cree que soy una bruja. Quiere llevarme a la hoguera. ¡Ayúdame por favor!
Luciferka rugió enfurecido.
_¡Maldito cañalla!-exclamó. Cogió de la mano a Jane.-Ven, te llevaré a mi casa. Allí no te encontrarán.
_Muchas gracias, Luciferka.-dijo Jane abrazándose a él.
Luciferka abrió sus negras alas de ángel batiéndolas hasta alzarse unos centímetros del suelo. Cogió en brazos a Jane y empezaron a elevarse por encima de los árboles y de las nubes. Volaron durante una hora en dirección norte hasta que por fin Luciferka empezó a disminuir la altura y la velocidad.
_Aquí estarás a salvo.-dijo cuando aterrizaron en la torre de una hermita abandonada hacía siglos. Miró a Jane.-Deberías secar tu ropa.
_La verdad es que sí.-contestó Jane mirandose el empapado vestido.
_Espera aquí.-sonrió Luciferka. Bajó por el torreón hacia el interior del campanario y volvió con un perchero de hierro.
_Quítate la ropa y cuélgala aquí mientras traigo los leños para el fuego.-dijo. Jane asintió y comenzó a desnudarse y colgar su vestido y su delantal en el perchero de hierro.
Poco después Luciferka subía por el torreón trayendo consigo tres grandes leños secos. Los colocó en el suelo poniendo dos debajo y uno encima y seguidamente con la uña negra del índice de su mano izquierda arañó un poco la corteza de uno los leños dejando así una estela de fuego que serpenteó por los demás leños hasta crecer y transformarse en una hoguera. Finalmente acercó el perchero con la ropa de Jane para que ésta se secara y miró a Jane, quien tenía la mirada perdida mirando las llamas.
_¿Estás bien?-le preguntó Luciferka.
_Sólo es miedo.-respondió Jane. Y se sentó en el suelo apoyando su espalda en la pared.
Luciferka miró a Jane que temblaba de frío y dijo:
_Espérame aquí. Traeré una manta para abrigarte.
Jane asintió sin apartar la vista de las llamas. El miedo a que su padre y los inquisidores la encontraran y la llevaran a la hoguera le paralizaba. Luciferka volvió al poco tiempo con una gruesa manta marrón. Jane se levantó cabizbaja y dejó que Luciferka la envolviera con la manta.
_¿Te encuentras mejor ahora?-preguntó Luciferka.
Jane miró la manta, dejó caer una lágrima y miró a Luciferka.
_Sí, gracias.-contestó. Luciferka le acarició suavemente la mejilla y dijo:
_Eres tan hermosa, tan dulce y delicada… No mereces que te hagan ésto. Tu padre pagará por lo que te ha hecho. Se dio la vuelta y se subió al pórtico abriendo sus alas dispuesto a volar.
_¡Espera! ¿Adónde vas?-exclamó Jane.
_A darle una lección a tu padre.-respondió Luciferka.
_¡No lo hagas!-dijo Jane cogiendole del brazo.
_¡Te ha pegado! ¿Qué clase de padre pega a su hija, una niña tan dulce y delicada como tú?-contestó Luciferka.
_¡Pero es mi padre!
_Él ya no es tu padre. Dejó de serlo en cuanto te puso la mano encima. Pretende matarte. Debo castigarle por eso.
_Pero le perdono.-dijo Jane acariciando un hombro de Luciferka.-Le perdono.
Luciferka luchó en su interior por no saltar al vacio y volar hasta la casa del padre de Jane.
_Prométeme que no irás, Luciferka.-dijo Jane.
Luciferka la miró unos instantes y finalmente cedió a sus ruegos.
_Quédate conmigo, no te vayas.-le pidió Jane.
_Lo siento. Mi furia se apoderó de mí.-se disculpó Luciferka y se sentó junto al fuego.
Jane se acurrucó junto a su amigo y éste dejó que ella se sentara sobre él.
_No importa. Yo también te perdono.-dijo Jane.-Prométeme que estarás conmigo.
_Te lo prometo.-contestó Luciferka mirandola sonriente.
Jane puso su cabeza en su pecho y se abrazó a él. Éste también la abrazó y la rodeó cariñosamente con sus alas negras. Contempló el fuego y las estrellas unos instantes hasta que supo que Jane ya estaba dormida. La miró sonriendo emocionado, la acarició un mechón de su pelo castaño tirando a rubio y finalmente la besó en la frente. Él se mantuvo despierto toda la noche contemplando como Jane dormía entre sus brazos con una sonrisa dibujada en su cara. Muy a su pesar debía controlar su furia pues había prometido a Jane no dañar a su padre. Él le había hecho una promesa y debía cumplirla. Además, quería tantísimo a Jane que era incapaz de negarse.

¿Pero cuánto tiempo podría controlar su furia? El era un ángel negro al fin y al cabo. Decidió entonces dejarse llevar de su amor hacia Jane.

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