Muy
buenos días, mis queridos y fieles lectores.
Hoy
os traigo un relato de un capítulo de mi novela gótica, "El
ángel negro". Este relato me mandaron hacerlo en el curso de
Taller de Escritura Creativa de www.yoquieroescribir.comen
donde me matriculé en 2010. Aparece en el libro junto con los
relatos de mis compañeros. Si alguno de vosotros lo quiere tener,
aquí os dejo el enlace de compra:
Como
podeis comprobar he cambiado el título de "Luciferka Demon In
Love" por "El ángel negro". La verdad es que me gusta
más el nuevo título de la novela. Bueno, que me voy por las ramas y
no avanzamos xD. Os dejo aquí el relato. Espero que os guste ¡y no
os olvidéis de comentarme qué os ha parecido! Adiós, amigos.
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Jane
y sus dos hermanos ayudaron a su madre a poner la mesa mientras ésta
encendía la chimenea. El padre de Jane entró por la puerta
delantera de la casa con su hacha bajo el brazo. Tenía una cara de
cansancio, probablemente de la jornada del duro trabajo de leñador
en el bosque. Dió dos besos a su mujer y a continuación se sentó a
la mesa. Su mujer y sus hijos hicieron lo mismo.
_Wendy,
querida, ¿qué hay para cenar?-preguntó a su mujer.
_Ciruelas
con miel, sopa dorada y perdices asadas con canela.-respondió ésta.
El
padre de Jane se relamió abriendo por la mitad una hogaza de pan
para usarla como plato y a continuación cogió una ciruela con miel
del frutero y empezó a mordisquearla.
_¿Cómo
ha ido el día hoy en el bosque, George?-preguntó Wendy.
George
carraspeó con cara de mal humor y respondió:
_Pues
todo iba muy bien hasta que esta tarde el padre Charles me ha dicho
que cierta persona no ha vuelto a la parroquia para confesar sus
pecados ni asistir a las enseñanzas de nuestro Señor.
Echó
una furiosa mirada a Jane y su madre y sus hermanos hicieron lo
mismo. Jane bajó la cabeza avergonzada masticando un trozo de
ciruela.
_¿A
qué se debe tu comportamiento últimamente, Jane?-exclamó
George.-En la escuela ya no prestas atención a las enseñanzas del
maestro, que por cierto me ha dicho que te pasas el tiempo embobada
pensando en tonterías, no juegas ya con tus amigas y te vas tu sola
a quién sabe qué sitio, ¡y ahora el padre me dice que no asistes a
sus clases ni confiesas tus pecados! ¿Puedo saber por qué?
Jane
miró temerosa a su padre y contestó:
_Padre,
me he portado bien. No he quebrantado ningún mandamiento de Dios. No
te preocupes, que si hago algo malo me confesaré.
_¡Eso
no me vale! ¡Tienes que ir a confesarte todos los días!-exclamó
George.
_¿No
comprendes que si no cumples los designios de nuestro Señor, te
castigará?-añadió su madre.
Jane
bajó la cabeza. Sin querer, el colgante que le regaló hacía dos
noches su mejor amigo con un pentagrama invertido de plata asomó por
encima de su delantal. Su hermano mayor, Richard, se lo arrebató de
un tirón provocándole a Jane una herida en el cuello y se lo
entregó a su padre.
_¡Esta
es la respuesta padre!-exclamó.
_¡Devuélvemelo,
es mío!-gritó Jane levantándose de la mesa.
Su
padre miró detenidamente el colgante abriendo los ojos como platos.
Después se levantó alargando el brazo mostrando el colgante a Jane.
_¿¡Qué
significa esto, Jane!?-gritó.-¿Estás con los templarios?
_No,
padre. Es un regalo de un amigo.-respondió Jane.
_¿Entonces
pactaste con el diablo? ¿¡Eres una bruja!?-gritó aun más Georges
sin hacer caso a las palabras de su hija.
_No,
yo… Puedo explicarlo…-balbuceó Jane.
Su
padre se acercó a ella enfurecido propinándola una fuerte y sonora
bofetada que hizo estremecer y llorar a Jane. Se hizo un silencio
rotundo en la salita.
_¡Maldita
seas, bruja! ¡Haré que te lleven a la hoguera por esto! ¡Tú ya no
eres mi hija!-dijo George rompiendo el silencio.
Jane
echó una mirada de advertencia a su padre y salió de la casa
adentrándose en el bosque corriendo y sin volver la vista atrás.
Fuera llovía fuertemente.
_¡JANE,
VUELVE AQUÍ! ¡AÚN NO HEMOS TERMINADO! ¡¡¡JANE!!!-gritó su
padre saliendo tras ella. No se atrevía a adentrarse en el bosque en
plena noche lluviosa. El muy cobarde se volvió hacia Richard y le
ordenó que trajera a Jane de vuelta. Pero Richard se negó.
_¿Está
de broma, padre? ¡No voy a entrar ahí! ¡Está oscuro!-exclamó.
George
rechinó los dientes enfadado y miró hacia el bosque. Ya no se veía
a Jane por ninguna parte.
_Es
inútil que huyas, maldita. Te encontraremos. No escaparás a la ira
del Señor.-susurró y acto seguido entró en la casa a seguir
disfrutando de su cena.
Jane
estuvo corriendo durante una hora, temerosa de que su padre la
estuviera siguiendo. Miró tras su espalda y no vio a nadie. Se
detuvo a tomar aliento. De pronto escuchó unas pisadas a su espalda.
_¿Jane?
¿Qué haces aquí?-preguntó una voz.
Jane
se dio la vuelta y vio ante ella a su mejor amigo, un bellísimo
ángel negro de piel blanca como la nieve y alas de ángel negras
como la noche. Su nombre era Luciferka. Fue él quien le regaló el
colgante a Jane.
Ésta
sollozó y corrió hacia él. Le miró con amor y se abrazó a él
con fuerza.
_Luciferka.-dijo
sonriendo entre lágrimas.
Luciferka
le alzó la cara y gruñó cuando vió la mejilla enrojecida de la
bofetada que el padre de Jane le propinó.
_¿Quién
te hizo esto?-preguntó pasando suavemente sus dedos pálidos sobre
la ardiente mejilla de Jane.
_Mi
padre.-contestó Jane cabizbaja.-Descubrió el colgante que me
regalaste y ahora cree que soy una bruja. Quiere llevarme a la
hoguera. ¡Ayúdame por favor!
Luciferka
rugió enfurecido.
_¡Maldito
cañalla!-exclamó. Cogió de la mano a Jane.-Ven, te llevaré a mi
casa. Allí no te encontrarán.
_Muchas
gracias, Luciferka.-dijo Jane abrazándose a él.
Luciferka
abrió sus negras alas de ángel batiéndolas hasta alzarse unos
centímetros del suelo. Cogió en brazos a Jane y empezaron a
elevarse por encima de los árboles y de las nubes. Volaron durante
una hora en dirección norte hasta que por fin Luciferka empezó a
disminuir la altura y la velocidad.
_Aquí
estarás a salvo.-dijo cuando aterrizaron en la torre de una hermita
abandonada hacía siglos. Miró a Jane.-Deberías secar tu ropa.
_La
verdad es que sí.-contestó Jane mirandose el empapado vestido.
_Espera
aquí.-sonrió Luciferka. Bajó por el torreón hacia el interior del
campanario y volvió con un perchero de hierro.
_Quítate
la ropa y cuélgala aquí mientras traigo los leños para el
fuego.-dijo. Jane asintió y comenzó a desnudarse y colgar su
vestido y su delantal en el perchero de hierro.
Poco
después Luciferka subía por el torreón trayendo consigo tres
grandes leños secos. Los colocó en el suelo poniendo dos debajo y
uno encima y seguidamente con la uña negra del índice de su mano
izquierda arañó un poco la corteza de uno los leños dejando así
una estela de fuego que serpenteó por los demás leños hasta crecer
y transformarse en una hoguera. Finalmente acercó el perchero con la
ropa de Jane para que ésta se secara y miró a Jane, quien tenía la
mirada perdida mirando las llamas.
_¿Estás
bien?-le preguntó Luciferka.
_Sólo
es miedo.-respondió Jane. Y se sentó en el suelo apoyando su
espalda en la pared.
Luciferka
miró a Jane que temblaba de frío y dijo:
_Espérame
aquí. Traeré una manta para abrigarte.
Jane
asintió sin apartar la vista de las llamas. El miedo a que su padre
y los inquisidores la encontraran y la llevaran a la hoguera le
paralizaba. Luciferka volvió al poco tiempo con una gruesa manta
marrón. Jane se levantó cabizbaja y dejó que Luciferka la
envolviera con la manta.
_¿Te
encuentras mejor ahora?-preguntó Luciferka.
Jane
miró la manta, dejó caer una lágrima y miró a Luciferka.
_Sí,
gracias.-contestó. Luciferka le acarició suavemente la mejilla y
dijo:
_Eres
tan hermosa, tan dulce y delicada… No mereces que te hagan ésto.
Tu padre pagará por lo que te ha hecho. Se dio la vuelta y se subió
al pórtico abriendo sus alas dispuesto a volar.
_¡Espera!
¿Adónde vas?-exclamó Jane.
_A
darle una lección a tu padre.-respondió Luciferka.
_¡No
lo hagas!-dijo Jane cogiendole del brazo.
_¡Te
ha pegado! ¿Qué clase de padre pega a su hija, una niña tan dulce
y delicada como tú?-contestó Luciferka.
_¡Pero
es mi padre!
_Él
ya no es tu padre. Dejó de serlo en cuanto te puso la mano encima.
Pretende matarte. Debo castigarle por eso.
_Pero
le perdono.-dijo Jane acariciando un hombro de Luciferka.-Le perdono.
Luciferka
luchó en su interior por no saltar al vacio y volar hasta la casa
del padre de Jane.
_Prométeme
que no irás, Luciferka.-dijo Jane.
Luciferka
la miró unos instantes y finalmente cedió a sus ruegos.
_Quédate
conmigo, no te vayas.-le pidió Jane.
_Lo
siento. Mi furia se apoderó de mí.-se disculpó Luciferka y se
sentó junto al fuego.
Jane
se acurrucó junto a su amigo y éste dejó que ella se sentara sobre
él.
_No
importa. Yo también te perdono.-dijo Jane.-Prométeme que estarás
conmigo.
_Te
lo prometo.-contestó Luciferka mirandola sonriente.
Jane
puso su cabeza en su pecho y se abrazó a él. Éste también la
abrazó y la rodeó cariñosamente con sus alas negras. Contempló el
fuego y las estrellas unos instantes hasta que supo que Jane ya
estaba dormida. La miró sonriendo emocionado, la acarició un mechón
de su pelo castaño tirando a rubio y finalmente la besó en la
frente. Él se mantuvo despierto toda la noche contemplando como Jane
dormía entre sus brazos con una sonrisa dibujada en su cara. Muy a
su pesar debía controlar su furia pues había prometido a Jane no
dañar a su padre. Él le había hecho una promesa y debía
cumplirla. Además, quería tantísimo a Jane que era incapaz de
negarse.
¿Pero
cuánto tiempo podría controlar su furia? El era un ángel negro al
fin y al cabo. Decidió entonces dejarse llevar de su amor hacia
Jane.
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